Margarita Deshojada

Desde pequeña, inquieta, averiguando siempre la vida con un incorregible espíritu aventurero, traviesa y llena de alegría. Margarita será la protagonista de un amor poco común, pero afortunado y una historia que posiblemente comparta las fantasías y/o realidades de nuestros lectores en un primer encuentro en la vida íntima.

Ya en su juventud, en el despertar sexual, Margarita hurgaba entre las pertenencias de su hermano y padres encontrando siempre un motivo que satisfacía sus morbosas curiosidades. Convertida en una hermosa joven, urgida siempre de conocer, espiando a Roberto, su hermano, se había convertido en toda una habilidosa para no ser descubierta. En diferentes ocasiones había espiado a Roberto en sus momentos íntimos, al igual que esconderse en el guardarropa de sus padres para observarlos al hacer el amor. Desde hace tiempo, Margarita, acariciando sus “partes” habría ya comprobado las sensaciones propias de un orgasmo; la edad ahora le presionaba para conocer aún más.

Por las noches “toqueteando” su cuerpo erotizaba sus pensamientos y las imágenes brotaban en su mente adornando sus fantasías. Las manos recorrían su intimidad y con los brazos juntaba a propósito sus pechos uno con otro mientras sus pezones se endurecían y su vagina se enjugaba de néctar cristalino, entonces traía a su mente algún amigo, maestro, o a algún hombre que físicamente la hubiera impresionado. Así transcurrían sus íntimos momentos de pasión, conociéndose, amándose, explorando y saboreándose a sí misma, una y otra vez los orgasmos eran ya bien ambicionados por sus inquietudes.

Sabiéndose hermosa, nunca pasaba desapercibido el impacto que su belleza provocara entre los hombres.

Margarita, de 19 años, caminaba todos los días después del colegio rumbo a su casa y se había hecho costumbre pasar por un centro comercial para mirar los aparadores. Vestida de colegiala contoneaba su cadera amplia, la redondez de sus nalgas hipnotizaba espectadores, las piernas largas bien formadas resaltaban, aún más por esa piel que parecía contener la fuerza de unos poderosos muslos; las calcetas dobladas hacia abajo hasta los tobillos eran a propósito y las pantorrillas torneadas garantizaban el comienzo de un camino hacia una felicidad segura. La blusa por más recatada no alcanzaba a disimular las delicias que contenía. De cabellera larga y lacia, como salida de un anuncio comercial, robaba suspiros de los hombres y envidiosas miradas de las mujeres.

Fue en el mes de diciembre, el último día de clases, un día antes de las vacaciones navideñas, curioseando en una tienda de departamentos dentro del centro comercial. Margarita distraída, deslumbrada por los aparadores como toda adolecente atraída por los colores y las modas fue abordada por un hombre poco común y atractivo de más de treinta años seguramente, porte atlético, cabello entrecano, mirada alegre, seguro de sí, elegantemente vestido. Definitivamente fue su sonrisa franca lo que llamó la atención de Margarita en primera instancia.

- “¡Hola!” Aquel extraño saludo cordialmente a Margarita, su voz la atrajo con un impacto seductor.

- “Hola…” Tímida y tierna, definitivamente atraída a la voz varonil de Alejandro.

- “Disculpa, solo quiero presentarme. Me llamo Alejandro Wellafont.” Ofreció la mano en señal de saludo.

- “Ma…mar…garita,” respondió la joven con cierta desconfianza.

- “Margarita. Disculpa interrumpí tu paseo, estoy tratando de ayudar a una persona, el nombre de ella es Elena y es fotógrafa profesional.” Buscando entre sus ropas dice: “Tengo su tarjeta, y ella está buscando modelos de ojos, para promocionar cosméticos en una revista prestigiada, así que cuando vi tu rostro, no pude menos que reconocer la belleza de unos ojos tan bonitos, llenos de magia y… una cálida inocencia.” Dijo Alejandro ya hipnotizado por la angelical mirada. “Desde dentro del aparador, y pensé tal vez que te quieras interesar, te doy su tarjeta junto con la mía. Cuando gustes charlar con ella, estoy seguro que será interesante para ambas.”

Despidiéndose, nuevamente estrechó, su poderosa mano que electrizó la presencia de la joven. “Gracias por tu atención Margarita, y si haz de ir con Elena espero volverte a saludar ha sido un gusto, hasta luego…” La chica quedó impávida sin dar crédito a su encuentro con éste singular personaje.

Después de poner al tanto a sus padres, Margarita esperó el anhelado consentimiento, que por supuesto fue asentido por éstos. La noche se tornó incomoda por las emociones, para conciliar el sueño y los pensamientos eran de incógnitas constantes, llena de emociones y ya entrada la madrugada, la joven quedo dormida en el más emotivo de los sueños.

…Caminando rumbo al estudio fotográfico para encontrarse por primera vez en su cita con la afamada fotógrafa, Margarita derrochaba belleza y caminaba con felicidad. La gente, toda, volteaba sorprendida ante su paso, en ese andar Margarita sonreía a la gente que regocijada la admiraba; los sonidos de los murmullos llegaban a sus oídos. “¡Que linda es!” Decían, “es como una princesa.” Opinaban. “¡Su sonrisa es como un sol!” Una voz se escuchó, “las piernas, las piernas,” insistió. “¡Olvido ponerse bragas!” La voz de una mujer gritó, “todos miren, no trae puestos los calzones, ¡oh Dios! No trae calzones,” murmuraron en general.

La chica sintió un escozor de angustia que recorrió su espalda, al escuchar esto, Margarita acentuó sus sentidos y efectivamente advirtió con un miedo que la aterró de vergüenza al sentir como el aire ventilaba entre sus piernas el desnudo pubis que seguramente con el solo andar podría ser expuesto ante la burla de los demás… ¿cómo pudo esto ocurrir? Se angustió la chica. Disimulando con un ademán acomodó un poco más su falda estirándola más abajo para ocultar el motivo de su vergüenza. Apurando el paso, completamente cohibida, se encaminó hacia su casa. Su angustia creció al recordar que tendría que pasar por el centro comercial; a toda costa hubiera querido evitar cualquier tumulto de gente.

Había tanta gente en el centro comercial, toda se arremolinaba frente a un aparador, el favorito de Margarita; Como pudo se abrió paso entre la gente y repentinamente apareció ante ella un aparador que la paralizó y quedó sorprendida con los más hermosos vestidos que la joven había visto anteriormente. Todo allí era radiante, y la gente ignoraba el percance que aquejaba a Margarita así que distraída, por las circunstancias no advirtió detrás de ella la figura de un hombre que la había seguido hasta allí.

Sorpresivamente Margarita se sobresaltó al sentir a sus espaldas al hombre que deliberadamente pegaba su cuerpo al de ella… quiso llamar la atención volteando de izquierda a derecha pero la gente estaba absorta mirando el aparador. Una sensación de familiaridad se asentaba en medio de su incertidumbre y al buscar en el reflejo del aparador advierte la figura alta y atlética de Alejandro, justo antes de voltear escucha como un trueno la voz varonil cerca de su oído.

- “Soy yo Margarita… no voltees. La gente no nos pone atención, y aquí estas segura.”

Sujetándola del hombro, Margarita quedo inmóvil, era esa mano fuerte que ya conocía y que había quedado grabada en los recuerdos de la virginal muchacha, repentinamente sentía detrás de ella el desarrollo de un musculo que se erguía erecto entre sus nalgas, trato de voltear.

- “¡Shhh! No te muevas,” le susurró al oído. “Todo está bien confirmó la voz.

Esa voz la embelesaba… era: “Dulce Como Un Caramelo Y Adictiva Como El Azúcar.” Comenzó a sentir un calor conocido ya por sus ansias y la fuerza del golpe en su pecho, su corazón quería estallar. Sintió lentamente como la otra mano comenzó a bordear la cintura, esos dedos largos y gruesos la atraían con firmeza jalando todo su ser aprisionándola contra aquel poste de carne que apuntaba en el medio justo de sus nalgas.

¿Por qué aquel extraño hombre dominaba de tal manera sus sensaciones excitándola, sumergiéndola en un torbellino de tentación y éxtasis?

La mano se deslizó hacia el tibio vientre de Margarita. Ella trato de evitar la mano arqueando la espalda y elevando sus caderas, recordó que no traía puesta su ropa interior, pero el movimiento se hizo más aprisiónante. La punta de ese tolete amenazaba directo en el ojo de aquel virginal culo. Todo fue tan rápido y repentino. No pudo regresar su cadera hacia adelante, aquella mano recia alcanzó el aterciopelado y desnudo monte Venusino al levantar la diminuta falda de Margarita… y aprisionarla contra él. Una sensación de impotencia y deseo se apoderaba de Margarita, Volteo a ambos lados pero la gente ignoraba su situación, ¡todos miraban el aparador! La voz de Alejandro cambio a un poco más enérgico, al mismo tiempo que la soltaba del hombro y pasaba su mano entre la blusa y se apoderaba fuertemente de su pecho.

- “Te he dicho que no voltees, ¡todo está bien!”

Sus palabras retumbaron como una orden en su oído, la chica no pudo más que obedecer. Sumisa en su actitud, sintiéndose perdida y presa del deseo que crecía en su interior, sintió los dedos que buscaban entre sus carnosos labios vaginales, el hombre apretaba y pellizcaba suavemente aquel pezón rebelde que delataba la elevada excitación y el inevitable deseo que quemaba a Margarita en su interior. Alejandro se apoderó completamente del pubis amasándolo con suavidad. Los dedos fueron encontrando su lugar entre lo que significaría la gloria para cualquier hombre en ese momento; Margarita se debatía incontrolable en sus emociones y sus sensaciones, los movimientos que Alejandro hacía con su mano provocaban incontenibles contracciones que amenazaban en un vuelco explosivo que a toda costa Margarita creía que debía evitar.

Sintió entonces, aquel miembro ya desnudo detrás de ella como se deslizaba frotando entre las piernas y las nalgas como si tuviera vida propia, buscando una apertura en la virginal chica, al mismo tiempo que la empujaba con su mano por delante; La brillosa punta de su miembro encontraba ya la entrada más íntima. Margarita, cual presa sometida estaba a merced de su cazador. Así sintió que la mano de aquel depredador encontrara a su vez la puerta de los cielos. Su dedo medio, humedecido de líquido cristalino derrumbaba una muralla que hasta en ese momento guardara la virtud de la hermosa joven, al tratar de esquivar en su último intento la penetración del dedo agresor, Margarita se empuja hacia atrás, recibiendo una estocada y le valiera el aliento que escapara en un suspiro, en un lamento…

- “¡Ha!”

Asestada por atrás, Alejandro, la abrazó con más fuerza y empujó aún más su cadera enterrando hasta el fondo su poste venoso que hervía de sangre, y palpitaba haciendo que Margarita latiera al mismo ritmo de su agresor, los dedos entraban y salían empapados provocando que el dulce néctar que emanara de su pulsante vagina se deslizara entre las piernas. El vientre le estallaba en incontrolables convulsiones descargando ese desahogo de placer, una y otra oleada, de sensación orgásmica victimó por último la mente y el cuerpo de la bella. La frente sudorosa, los pezones aún erguidos, jadeando todavía para recuperar el aliento, la sorprende la luz de un nuevo día, y así lleva los dedos de su mano a sus labios degustando de esta manera el sabor propio de sus sueños y fantasías…

No será necesario describir el éxito de las sesiones fotográficas de nuestra bella Margarita. Elena Wellafont se lució como fotógrafa mandando en un ascenso vertiginoso la hermosura inusitada de la incipiente pero innata nueva modelo. Sin embargo en todas las sesiones nunca apareció su mentor… aquel hombre que la descubriera y fuese el promotor directo de esta hermosa, había desaparecido. De esta manera fue como la ahora exitosa modelo necesitaba agradecer a quién la descubriera unos meses atrás, y de quien no había podido desprender de su mente y de sus constantes sueños y fantasías a los que se había hecho adicta.

Utilizando la tarjeta que anteriormente él mismo le proporcionara, Margarita, llama al teléfono, donde Sofía la secretaria de Alejandro Wellafont le atendiera.

- “Producciones Wellafont…”

- “Hola, busco al Señor Alejandro Wellafont…” Dijo Margarita.

- “¿De qué empresa señorita?”

- “Soy Margarita, amiga de su hermana Elena…”

- “Enseguida le atiendo, por favor espere.”

La secretaria oprimió la llamada en espera y sin querer por un descuido la llamada queda abierta, mientras pulsa el interfono donde se comunica con Alejandro…pero Margarita alcanza a escuchar.

- “¿Si, Sofía?” Pregunta Alejandro.

- “Señor lo busca la señorita Margarita, amiga de su hermana Elena.”

Después de uno segundos, el hombre contesta: “Sofía dígale a la señorita, que no me encuentro en el país y que regresaré dentro de cuatro meses por favor.”

Al escuchar esto, Margarita siente un vuelco en su estómago lleno de decepción y desilusión.

- “¿Señorita, Margarita?” Al ver que la joven no respondía Sofía volvió a preguntar. “¿Bueno? señorita Margarita, ¿sigue ahí?”

¡Margarita no daba crédito! El hombre por quién había estado pensando todo este tiempo, simplemente la ignoraba, y por lo visto, no quería saber nada de ella. Esto era algo que difícilmente podía Margarita aceptar. Después de llorar su suerte, aceptaba haber sido una tonta chiquilla llena de fantasías ilusionada con el tonto cuento del príncipe azul. Sin embargo al aceptar este sentimiento, le hizo esclarecer su realidad y en el mismo momento se repuso con la idea firme de entrevistarse con Alejandro para simplemente agradecer, pero en realidad Margarita deseaba desahogar una furia que contenía en su pecho, y que bombardeaba sus pensamientos con las palabras de Alejandro unos minutos atrás.

Eran las 6:00 p.m. cuando Margarita se presentó en un lujoso despacho del centro de la ciudad, con un hermoso ramo de flores en mano. Toca la puerta pero no contestan. Vuelve a tocar, y desde adentro se escucha varonil, Alejandro, con voz fuerte: “¡Adelante hermosa! Pasa por favor está abierto.” La chica lo duda solo unos instantes, pero un mar de rabia y de celos le da la valentía necesaria, para tocar nuevamente.

- “Esta abierto,” aclara Alejandro abriendo la puerta de golpe. “¡¿Margarita?!” Se sorprende el empresario. “¿Qué ocurre?” Inquiere desconcertado.

- “Yo…yo…yo…he venido a…” Margarita titubea nerviosa.

- “Pero pasa, por favor…” Alejandro la interrumpe.

Tomando aire de un coraje que contenía, Margarita responde: “No señor. Únicamente he venido a agradecer la atención que tuvo usted conmigo, hace unos meses, pero ahora entiendo que solamente he sido una empleada y que usted y su hermana me han visto solo como un negocio, ¡una inversión! Me he equivocado al pensar que había un sentimiento en el corazón de ustedes. Ahora todo es claro y debe saber que no era necesario mentirme, escuche cuando dijo a su secretaria que me mintiera, fingiendo que no estaba en el país para no atenderme, en realidad, ¡con solo unos minutos de su tiempo hubieran sido suficientes!”

Era tal la furia de la indignada chica, que tomo el ramo de flores y la aventó a los pies de Alejandro, exclamando: “¡Yo pensé que era usted un buen hombre! Dio media vuelta y avanzó hacia el elevador.

- “¡Margarita!” Levanto la voz Alejandro, “solamente dame un momento de tu tiempo por favor.”

La chica se paró ante la puerta del elevador, y presiono el botón de ascensor. Detrás de ella se detuvo aquel Adonis de recia voz que dulcificaba por la presura de las circunstancias.

- “No he estado en el país desde nuestra última entrevista, llegué ayer y mi siguiente vuelo sale en cuatro horas. ¡Yo, no miento! Agradezco tu intensión de venir a verme, pero a mí me gustaría dedicarte más tiempo que solo unos minutos.”

Al decir esto, se abren las puertas del ascensor, y dentro aparece la figura de Elena, la fotógrafa hermana de Alejandro quien en una discreta señal le comunica que lo busque después. Margarita voltea al darse cuenta realmente de la situación, en realidad Alejandro esperaba a su hermana. Apenada se voltea y titubeando llena de vergüenza dispuesta a reconocer su error mira a Alejandro mientras las puertas del ascensor se cierran llevando de regreso a Elena quien conociendo perfectamente a su hermano sabe que necesita un poco de privacidad.

- “Hay, ¡no! Cuanto lo siento señor.” Margarita apenada frente a Alejandro baja la mirada.

- “No te lamentes Margarita, ha sido incidental,” con su mano levanta el rostro hermoso de Margarita.

Avergonzada la joven se refugia en el pecho amplio de él, quien la recibe en un abrazo que dura lo suficiente para sentir ambos, el cuerpo uno del otro. Ella sintiendo el poder de unos fuertes brazos, y una estatura donde ella sentía que se perdía, él de una manera inexplicable hacia un brío a su temple de hombre, la cercanía de la femenina hermosura que se entregaba en un abrazo cálido se antojaba inquietante. El aroma del perfume de ambos, se comenzaba a fundir en un enlace invisible para los ojos pero embrújante a los sentidos. La frente de Margarita tocaba el cuello de Alejandro, y poco a poco ella fue levantando su cara y él fue bajando la suya hasta quedar solo a unos escasos centímetros de juntar sus labios.

Los ojos de uno y de otro se perdían en una inmensidad que los transporto por unos segundos. Y una armonía instantánea, los sumió en un mar de tranquilidad y sin proponérselo ambos se comenzaron a fusionar en una caricia donde solo las inquietudes obedecían. Los golpes comenzaron a azotar en el pecho de la joven, que no pasaron inadvertidos para Alejandro, eran tan fuertes que cada latido se alcanzaba a sentir en los labios de esa frágil flor que se entregaba a él, en un beso que tornaba a la incontenible fuerza del mar…poco a poco los labios se abrían, con nerviosa lentitud, y tímidamente la lengua comenzó abriendo camino con ternura y fue recibida con ansias sin pensar que de esta manera se delataba a sí misma.

Alejandro, al fin comenzó a “perder” su control estaba minado. La “niña” era ya una mujer, la caricia lejos de ser controlada se tornaba envolvente, sentía como se combinaban los movimientos de sus lenguas en un ritmo que lo hacían revivir y retornar a sus mocedades. Las lenguas entraban, salían, se acariciaban, se conocían y se concebían en ese apasionante beso. Los alientos, se hicieron deliciosos, fueron separando sus bocas poco a poco, él, más sorprendido. Claro que estaba acostumbrado a manejar sus situaciones sentimentales, pero esto lo había tomado por sorpresa, admirando una tierna mirada, parecía que a través de esos hermosos ojos, el corazón de la chica le gritara un mensaje que nadie en el mundo podría descifrar, solo él.

Ella lo observó sintiendo que se perdía en una mirada inmensa como el universo, era más de lo que en sus fantasías pudiera haber imaginado todo lo alucinado, se había perdido en un solo beso… Se sintió tan segura en esos brazos, y se refugió tiernamente entre el robusto pecho. Alejandro, la rodeo con sus brazos, y la encamino de regreso a su despacho, llegaron a donde tirado en el suelo estaba un ramo de margaritas, frente a la puerta, cayeran al suelo en un arranque de dolor y coraje, en ese momento solo despertaron la ternura de él; Las tomó del suelo, y entraron a la lujosa Oficina, se dirigieron a la sala de esta donde se sentaron en un cómodo sofá.

- “Margarita,” dijo suavemente Alejandro. “Necesito… hablar, contigo, por favor permíteme.”

- “N…no, no. Yo entiendo, sé que tienes que viajar.” Dijo Margarita, con una voz tan maternal, y femenina. “Yo te esperaré, a tu regreso me platicarás, pero sé que necesitas ir a tu viaje.”

Sin dejar de mirarlo y admirarlo, la chica se levantó del asiento, tomando suavemente aquel buqué de flores que ahora significara tanto para ella, y lo abrazó a su pecho… le brindo al Playboy una hermosa sonrisa, provocando con esto un vuelco en el pecho de Alejandro.

Poniéndose de pie, dice a Margarita: “¡Eres tan hermosa! Pero no es fácil, porque, regreso dentro de cuatro meses.”

- “No importa,” lo interrumpió enamorada. “Yo te espero, no me importa el tiempo.”

Alejandro esbozo una sonrisa de satisfacción y fruncía el ceño en señal de dolor e inconformidad.

- “Margarita,” tomándola por los brazos. “Solo Vendré a una junta para firmar unos papeles, un contrato, y regreso a Europa por seis meses más.”

La noticia aplastaba toda sensación de calidez que se había formado momentos atrás. La mirada de la mujer volvió en un momento a ser niña nuevamente, y con tristeza inclino su rostro. Un silencio se acentuó momento a momento. Alejandro trataba de entender. Con resignación la soltó. Margarita sintió una soledad apabullante, no sabía que decir… volteo a su alrededor, buscando la puerta de salida, y simplemente se encamino a ella. Alejandro camino detrás de Margarita, comprendiendo el dolor que le estaba provocando a ese ángel que representaría un cumulo de incertidumbres en el momento menos indicado.

Sin decir una palabra, solo la observó… Al llegar a la puerta Margarita se detuvo sujetando la perilla de la puerta, y una lagrima asomaba ya rosando el rostro de una mujer con alma de niña, haciendo un puchero cuál pequeña regañada, volteo con arrebato soltando las flores nuevamente y se aferró al dueño de un corazón roto. Alejandro, la sujetó como si le hubiera leído la mente, como si él también esperaba alguna indicación para volver a prenderse de la pequeña. Un beso lleno de arrebato era el resultado del desespero de un amor que se frustraría antes siquiera de iniciar.

Margarita lloraba, en el beso, lloraba por dentro su corazón fracturado, jalando a Alejandro para sí, si hubiera podido, fundirse en él… y así en ese estado, solo lo deseo, y su aliento se agitó aún más. La vida ya había cobrado en Alejandro experiencias que le marcaran para siempre. Sentimientos probados anteriormente, frustraciones en el amor habían marcado con fuego la tristeza y el desengaño. La fragilidad de su amada Margarita y su mirada inocente, le ofrecían el giro que tal vez su vida necesitaba desde hacía tiempo, y él había esperado con ansiad; ¿pero cómo saber?

Abrazándose, y besándose advirtió como Margarita se abandonaba en una sumisión incondicional. El abrazo con más fuerza, y sus labios sintieron la suave piel de un hermoso y níveo cuello. Nunca antes alguien había besado así a Margarita, esos besos recorrían a lo largo de su cuerpo reflejos que estremecían su femineidad. Alejandro debía contener una erección que estuviera fuera de tono, pero el estremecimiento de la bella chica lo transformaba y en realidad él la necesitaba. La sujetó con firmeza haciéndola hacia él nuevamente besando su boca, succionando y amasando con su lengua la de Margarita, al momento Margarita abrazo con fuerza y desesperación el cuerpo de Alejandro Buscando el antagonismo que resulto perfecto.

Sus pechos se inflamaron aún más con su excitada respiración, su cintura y su cadera buscaban detener un ímpetu que la obligaba a ir hacia adelante. La viril masculinidad de Alejandro comenzaba a suceder. Ella abrió los ojos y miro como Alejandro disfrutaba con ojos cerrados el regalo que la angelical le otorgaba. Un miedo se disipo en Margarita, y cerro nuevamente los ojos. Alejandro sintió la pierna de la chica enrollándose en la suya, recorrió con sus manos la delicada espalda de su amada hacia abajo, la agarro entre la cintura y la nalga y sin dejar de besarlos tiernos labios permitió que esa erección tomara acomodo entre los dos cuerpos.

Margarita, experimentaba con todos los sentidos pero al sentir el bulto crecer cerca de su intimidad, sintió curiosidad e inquietud, deseo e incertidumbre. Le gustaba lo que sentía, una oleada de calor surgía en su ser, Alejandro de un movimiento cargo en sus brazos a Margarita como una ligera flor, sin dejar de besarla se dirigió nuevamente a donde estaba la sala y fue inclinándose suavemente hasta que la recostó sobre la mullida alfombra. Margarita prefirió cerrar los ojos y dejarse llevar, mientras él besaba y acariciaba su cuello, ella experimentaba un éxtasis que ni en sus momentos más intensos había fantaseado, repentinamente todo se detuvo… Alejandro se separó unos instantes mirando a Margarita, como reflexionando un poco lo que sucedía.

Margarita abrió los ojos, y tiernamente le sugirió a su próximo verdugo, sin palabras, esa mirada gritaba la ansiedad que desbordaba su pasión y el deseo de sentirse poseída. Aquel hombre, experimentado, y maduro, lleno de poder se perdía en un remolino de pasión y deseo… Sin dejar de mirarlo fijamente a los ojos, tomo la recia mano con dulzura y le rezó con una voz acariciante como pétalos de flor a sus oídos, mientras colocaba la mano entre sus senos.

- “Sé que no te volveré a ver… pero quiero,” con voz temblorosa. “Que me regales un poco de ti.” Y dibujando una sonrisa traviesa y tierna agregó: “Quiero regalarte un poco de mí.”

Ahora toco el turno de mostrar una esplendorosa sonrisa a un macho que regocijado en su masculinidad fuera premiado con tan singular trofeo. Se inclinó lentamente hacia ella, los ojos de ambos cerrándose al mismo tiempo, juntaron sus labios. El deseo fue detonado nuevamente. Los dos deseaban satisfacer egoístamente, el instinto de sus deseos. Alejandro atrajo el ligero talle acercándolo a la turgencia que se sucedía dentro de su pantalón, la chica acepto un ademan al sentir la palpitación constante del miembro viril involuntaria del mismo Alejandro.

Con habilidad desabrocho dos botones de la femenina blusa introduciendo su mano recorriendo desde el hombro, la suavidad de la piel de la chica era el hechizo hacia una locura que Alejandro acababa de aceptar… Al sentir el palpitar de ese miembro y la mano dentro de su blusa, Margarita musito una expresión que inconsciente escapaba de entre sus labios. Un infierno se producía en el vientre de la muchacha, y sin darse cuenta encajaba aferrándose del cuello y la espalda de su macho. Alejandro sintió el posicionamiento que producía el dolor y este se combinaba con la excitación. La sangre comenzó a golpear en todo su ser, enardeciendo la actitud de un animal celoso guardado como un semental.

Agarro el pecho acariciándolo, amasándolo apretando, termino de abrir la blusa, y retiró el sostén dejando en libertad una belleza también contenida dispuesta a ofrecer las delicias del paraíso, siguió acariciando sin dejar de besar a Margarita, y lentamente se deslizo besando el cuello hasta llegar a los redondos pechos. Con movimientos suaves disfruto cada centímetro amasándolos, jalándolos, apretando y pellizcando con sus dientes suavemente, los rosados pezones succionando, con ahínco cuál hambriento recién nacido.

El vientre de margarita se derretía burbujeando, como volcán a punto de la erupción, la mano de Alejandro levanto con poderío abriendo las piernas. Sujetó a la niña obligándola a la sumisión, enganchada la pierna con su brazo y con la mano rodeo buscando el camino hacia lo más íntimo de Margarita… Al tocar las panties húmedas por el almíbar, producto del más delicioso fruto guardado para él, Margarita se sacudió en un estremecimiento, sintió como su debilidad al borde, perdía el último paso. Dos dedos se introdujeron entre el encaje femenino, buscando la fuente propia de donde emanaba el líquido cristalino. La cadera de ella entró en un frenesí, estremecimiento de locura y comenzó un rítmico movimiento. Un dedo se introduciría, bordeando entre el botoncito clitoreo y la pequeña abertura disponible a ser “dedeada.”

Alejandro alcanzó a percibir una realidad no supuesta por él, se detuvo abrupto sintiendo en su dedo la incitante virginidad mientras la voz de Margarita suplicaba. “¡No te detengas amor!”

Alejandro necesitaba ver con sus propios ojos… y así de un girón despojo las panties de Margarita, buscando acomodar entre las poderosas piernas femeninas su rostro. Instintivamente Margarita trato de cerrar las piernas pero la fortaleza era de esa bestia dispuesta a mancillar castigando si fuera necesario. Alejandro toco con su legua abriendo entre el virginal surco, el jugo se mezcló con su saliva reconociendo la sabia divina adorada por los mismos dioses, un sabor que ordenaba ya el desenfreno a la pasión.

Margarita, gritó un no que apenas ella misma escuchó en sus propios oídos y un por favor que fue ignorado… Alejandro absorbía los carnosos labios vaginales y apoyaba sus dientes hincándolos alrededor del clítoris para fijar el movimiento de su lengua “toreando” con magistrales pases al delicado botón. Serpenteaba la lengua por los ardientes bordes de los hinchados labios, adorando el pequeño nicho, los fluidos lloraban gritando por la deseada penetración. En un movimiento ágil levanto las piernas de su víctima obligándola a la exposición de su virginidad.

Margarita estaba a punto de sucumbir en una oleada orgásmica. Sentía nulas sus fuerzas ante su semental, fue cuando Alejandro tomo un poco de espacio para zafar sus pantalones. Margarita con las piernas en bruces no quiso ver el miembro de éste, solo vivía una sensación de calor en todo su ser y deseaba ser poseída por su hombre. Alejandro ya no era el mismo, los ojos habían tomado una transfiguración; y el fuego que ardía en su interior se alcanzaba a ver a través de ellos. Se recostó encima de ella, besando la turgencia de los pechos de Margarita y se acomodó suavemente entre las piernas de la chica, dejando que el inicio de su pene se empapara del cristalino de esta.

Margarita sujetó la cabeza de Alejandro en su pecho. Poco a poco entraba babeante el pito de Alejandro, las caras estaban nuevamente frente a frente, la mirada de Margarita comenzó a desbordarse sorprendida. El estoque fue inminente. El grito, el dolor, la chica no suponía el tamaño de su transgresor, encajó las uñas en la espalda de Alejandro, elevó la mirada cerrando sus parpados y una lagrima asomaba y enfiló su camino quemando sus sienes, escucho un sonido agudo en el interior de su cabeza, como un zumbido, abrió nuevamente los ojos, para ver a su amado afanado tratando de meter el resto de una descomunal verga en el interior ya desvirgado de Margarita.

- “¡AH!” Chilló agudamente Margarita con un grito que hubiera espantado a cualquier hombre….pero no a Alejandro, quien estaba realmente poseído por una pasión que rayaba ya en la lujuria y desesperación.

Tomó la cabeza de su víctima con una mano y empujó aún más su cadera contra la de ella, encajando un carnoso miembro enervado, palpitante, pareciera que fuera a explotar, bañado por la mezcla del líquido de ambos.

- “¡AH!” Nuevamente se dolió la pequeña y en este momento trato de zafarse del estoque final pero ya era tarde, Margarita recibía el tercio final del primer pene en su vida.

Hubo una pausa donde el tiempo se hizo eterno… Alejandro metido hasta el tope comenzó a moverse lentamente en círculos, arremolinando en los atragantados labios vaginales de Margarita, no entraba ni salía, solo se movía en círculos, Margarita asestada hasta lo más profundo sintió como reflejos de dolor recorrían las piernas hasta el centro de su vagina. El dolor era horrible y el hombre no se retiraba. En medio de aquel intenso malestar una reacción iniciaba en el vientre de Margarita, pero se conjugaba con sensaciones que llegaban como oleadas cada vez más fuertes, comenzó a sentir la inminente llegada del placer convertido en orgasmo, saboreo entonces lo que nunca imaginó ni sintió en sus solitarios momentos.

Los ojos de la antes niña se abrieron aún más… y en esta ocasión el lamento se confundió entre placer y dolor. Alejandro insistía frenéticamente en sus arrempeyones circulares y Margarita desahogaba un nuevo grito ahora lleno de placer, en su sorpresa ya que se había convertido en una verdadera experiencia. Alejandro tomó la pierna de Margarita y la paso por en medio de los dos estirando de manera flexible y puso cara hacia abajo a la bella, magistral. La cargo sentándose en el sofá y ella pegada, adherida encima de él. Alejandro apretó con su mano el monte de Venus atorando los dedos en el botoncito clitoreo, acariciando el suave bulbo y con la otra mano sujetó el pecho amasando, pellizcando los pezones erguidos buscando provocar el otro inminente alarido de la mujer que ahora experimentaba la razón de la verdadera pasión y entrega.

Alejandro sentía una pelea entre la conciencia e inconsciencia, su corazón bombeaba a mil, y pareciera como cada quejido de su víctima lo invitara a ser el más vil de los animales brutos que desenfrenaran su bestialidad en un desahogo seminal no sin antes gratificar en el placer a su hembra. Nuevamente el clítoris se endurecía entre sus dedos anunciándole otro sucumbir de la hembra ya extasiada fuera de esta realidad, fuera de este mundo. Comenzó a entrar y salir en la Margarita deshojada poco a poco, agitando sus dedos con suaves caricias en clítoris y pezones. Margarita fue traída a la realidad con estos movimientos, la dureza de esa descomunal verga entrando y saliendo la partía en dos hasta la cabeza, al mismo tiempo el orgasmo explotaba en su vientre combinando el placer amalgamado en el dolor.

- “¡NO! Mmmm, ¡ahh!” sus piernas se tensaron haciendo que las nalgas endurecieran apretando el musculoso miembro bañado en sangre y líquidos seminales.

Este orgasmo fue tan intenso, tan prolongado, Alejandro no aguanto más, las convulsiones orgásmicas de ella lo enloquecieron, ese grito de placer y dolor despertaron en él, la razón misma del infierno, las venas de todo su ser hervían amenazando con explotar, tomando por las caderas victimó con desenfreno, entrando y saliendo, sin miramientos a su víctima. Margarita desbordo abriendo al máximo sus ojos, trato de sacar al animal del interior de su cuerpo, Alejandro sujeto encajando sus dedos en las caderas.

- “¡ALEJANDRO, NO!” Grito Margarita clavando sus uñas rasgando la piel de piernas y manos del maldito hombre. “No, no, no, no, no, no…”

La primera gota seminal recorrió la larga turgencia estrellándose en la rasgada pared vaginal seguida de un borbollón lechoso, saliendo a chorros, golpeando a ritmo de latidos el lastimado interior de Margarita quien continuaba llorando de dolor. El frenetismo se había apoderado de Alejandro, ya incontenible. Grito al Universo su sed de liberación del infierno, iluminándolo, elevándolo hasta el cielo en donde por unos momentos se puede sentir la gratificación de visitar la gloria, en el paraíso. En medio de la protagonización; Margarita, desgarrada, llena de dolor, vio de reojo como los espíritus que poseyeran a una verdadera bestia, semental, se alejaran poco a poco, y un suspiro de esperanza anunciaba el amañamiento de un mortífero huracán que usurpara cada espacio de su ser.

Margarita elevó sus brazos hasta acariciar el rostro de Alejandro que yacía detrás de ella aletargando en el tiempo. El dolor no desaparecía, pero el valor de abrigar en el interior a la persona que amamos y que brinda la esencia de su cuerpo envolviendo su alma en esa entrega tan carnal nos hace sostener el paraíso y la paz, en nuestro pecho, aspirando al verdadero amor… Perdonamos a esa persona que nos posee, y que permitimos su asentamiento en el santuario de nuestro interior en lo más íntimo de nuestro ser. Alejandro sintió como su dilatado miembro quería retomar firmeza, ya habían pasado unos minutos en los que mutuamente se prodigaban caricias mutuas.

La realidad y la conciencia se hacían presentes, comprendía que Margarita había entregado su virtud. Susurró cariñoso al oído femenino, Margarita yacía casi inconsciente sobre su pecho. El hombre inició el desenvaine de la remolida vagina; nuevamente la hembra se dolió, sujetando a Alejandro de sus brazos encajo nuevamente sus uñas y quejándose lastimosamente sus ojos se asombraban del tamaño que descomunal salía de su interior. El miembro de Alejandro era casi igual al tamaño del propio antebrazo de la chica.

Extrañamente Margarita soltó el llanto, momento que Alejandro comprendió inmediatamente tomando en sus musculosos brazos el delicado cuerpo de Margarita acurrucándola en su pecho, consolándola, mimándola, así fue como Margarita “deshojada” quedó profundamente dormida.

Eran las dos de la madrugada, cuando la ahora mujer despertaba de un sobresalto, sorprendida y aterrorizada. El dolor de un severo ultraje le impidió la libertad de sus movimientos y recobró con tristeza la lucidez al darse cuenta que Alejandro la había abandonado en el lujoso despacho, ni una nota de despedida, ¡era lo menos que Margarita hubiera pretendido! Sus propias palabras retumbaron en su recuerdo “quiero un poco de ti y quiero que tomes un poco de mi…” Margarita suspiró melancólica e inició lenta y dolorosamente el recobro de su arreglo personal, al salir una lágrima traicionaba la integridad estoica de la hermosa mujer.

Tomó solo una Margarita del escritorio, beso una hoja blanca de papel, marcando el labial y dejó ambas en el lugar del ejecutivo. Enseguida salió de la oficina, al cerrarse las puertas del levador el llanto fue incontrolable. Al llegar al vestíbulo la mirada tierna del portero nocturno, un hombre ya mayor, fue la despedida que avergonzadamente Margarita no hubiera querido encontrar. Al abrirle la lujosa puerta del lugar, el mozo veterano, despedía con amabilidad a Margarita.

- “Buenas noches señorita, el señor Emilio la está esperando.”

- “¿Perdón?”

- “Emilio, el chofer del señor Wellafont, la ha esperado desde que el señor partió al aeropuerto.”

Enseguida Emilio llego presuroso al encuentro de la chica: “¿Señorita Margarita?” Dijo el elegante uniformado chofer.

- ¿Si?” Titubeo Margarita.

- “El señor Wellafont dio instrucciones que la llevara a su hogar señorita,” y entregándole un pequeño neceser de piel negro agregó: “Me dijo le entregará a usted este neceser, por favor suba usted.” Abriendo amablemente la portezuela de la elegante limosina.

No podía dar crédito, instalándose en el delicioso confort del fastuoso automóvil pudo sentir un extraño alivio, estiro sus piernas adoloridas por el singular trajín que horas antes había sido interprete. La emoción no pudo esperar Margarita abrió el estuche y en el interior un teléfono celular y una margarita despertaba una interrogante que sumiría a Margarita por los siguientes tres días. El celular sonó… El desespero había hecho presa a Margarita, quien en más de tres ocasiones estuvo a punto de mandar a la basura el aparato telefónico.

Sorprendida y con cierta desconfianza contestó: “¿Hola?”

- “¿Margarita?”

- “Si… ¡Sí!”

- “Hola pequeña, te hablo desde Grecia… quiero verte Margarita. ¿Tú quieres verme?”

- “¿En Grecia Alejandro? Sí, claro que si me gustaría verte, ¿qué estás haciendo en Grecia?”

- “Margarita, amor. Visita a Elena mi hermana, ella te puede ayudar, te pondrá al tanto. ¿Margarita?”

- “¿Si?”

- “Yo… uhm en realidad me gustaría verte,” repitió por enésima vez Alejandro, nervioso. “Tengo todo dispuesto para recibirte la próxima semana… aquí. En Grecia.”

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